Estamos siendo testigos del cambio irreversible que se está produciendo en
estos últimos diez años en la sociedad actual tanto en las relaciones humanas y
la comunicación como en la producción de bienes y servicios.
Y es que desde que Internet se ha implantado en nuestras vidas, el uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) se ha extendido a un amplio abanico de actividades relacionadas con la cultura, el ocio, las cuestiones domésticas, la comunicación con otras personas y, por supuesto, la educación. El conocimiento y manejo instrumental de estas tecnologías, la forma de interpretar o de relacionarse con la realidad a través de ellas y las implicaciones sociales que todo esto conlleva ya forman parte de la cultura de
nuestro tiempo. Este desarrollo tecnológico afecta ya a todas las áreas de la vida y a todos los miembros de la comunidad, y en el futuro inmediato es previsible que lo haga aún más. Nuestro alumnado como ciudadanos del siglo XXI tiene unas necesidades, unas motivaciones y una actitud hacia las TIC completamente
distintas que el de hace quince años. Es cierto que en la actualidad los centros educativos se muestran razonablemente eficaces en los procesos de socialización, integración, educación afectiva, formación ética y en valores. Sin embargo, los procesos, los materiales y las herramientas de aprendizaje aún se pueden mejorar para adaptarse a esta nueva situación. Por tanto, la escuela necesita actualizar su metodología para afrontar este gran reto.
La introducción de las TIC en el contexto educativo se ha convertido en una necesidad acuciante. La mayor parte del profesorado dispone de ordenador personal y de conexión a Internet en su domicilio. Pero en la actualidad nos encontramos con una tremenda paradoja: por una parte, existen y utilizamos a diario multitud de tecnologías en tareas personales y, por otra, se mantiene en nuestras aulas la misma práctica educativa en la que el profesorado sigue siendo el único transmisor de la información apoyado de recursos y materiales como el libro de texto, la pizarra pautada, partituras adaptadas a instrumental
Orff y audiciones en CD.
El principal problema es que el profesorado no está preparado para utilizar las TIC en el aula porque no ha sido formado para ello. Existen muchos términos que el profesor desconoce, muchas aplicaciones que no sabe que existen, muchos programas que le pueden ser muy útiles en su día a día en las clases. El profesorado debería ponerse al día de estos nuevos recursos educativos con
cursos de formación como "Uso didáctico del Guadalinex en el aula de Música" que les facilita los diferentes Cep de la Provincia y aprender las ventajas de las Nuevas Tecnologías.
Va a ser un largo camino para aquéllos que no hayan nacido con un ordenador bajo el brazo pero tendremos que iniciarnos en este medio tecnológico si queremos estar a la altura de las circunstancias y poder realizar nuestro trabajo de una manera eficaz, innovadora y adecuada a los nuevos tiempos.